Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Accesibilidad
Letra grande
Letra normal
Contraste alto
Contraste normal
Cultura para ciegos
Espacio divulgativo del talento andaluz sin barreras

María José Maldonado, pintora: “La pintura es una expresión de lo que me sucedía”

María José Maldonado pintando uno de sus cuadros

María José Maldonado pintando uno de sus cuadros

Cristian Díaz | María José Maldonado, (Almería, 1977) es ciega a causa de una atrofia óptica bilateral incompleta degenerativa. Pero su enfermedad no le ha desanimado y ha diseñado el dibujo que ahora luce el colegio de Las Gabias. Sí, como lo leen… Es pintora. Maldonado admira a Claude Monet, ha cursado un taller de pintura con Marisa Castilla y, además, escribe pequeños textos didácticos o poéticos para acompañar sus cuadros. Ahora, la almeriense, afincada en Granada, se ha iniciado en el mundo de la escultura y espera exponer pronto en una muestra en ONCE Granada.

¿Desde cuándo pinta y qué le llevó a hacerlo?
“Yo pinto desde siempre. Desde que era pequeña me ha encantado dibujar. Antes lo hacía porque me gustaba y pintaba cosas. Ahora, digamos que lo tomé más como una expresión de lo que me sucedía. Estaba en casa y, al principio, no podía salir, no podía hacer las cosas que quería y fue una forma de combatir entre comillas, esa ansiedad que te rompe, que te tiene un poquito, entrecomillado, encarcelada porque no eres independiente. No tienes esa capacidad de decir ahora me voy aquí, ahora me voy a allá. Empecé a hacer cosas en la plantilla de caucho, a buscar la manera de no perderme en esa plantilla de caucho, y hasta aquí que hemos llegado”.

¿Cuánto hace de las primeras plantillas de caucho?
“Desde que perdí la vista. Hará 13 ó 14 años. Hacía unos garabatillos, poco a poco, y fui dándome cuenta de que podía sacar partido. Me divertía. Luego me divertía mucho compartirlo con los amigos. Me encantaba. Lo que hacía era que ponía un texto a los cuadros, de mis sentimientos, a colación de lo que tenía ese dibujo. Me divertía mucho porque nos reuníamos en el café o en casa a tomar algo o a cenar por la noche y lo leíamos y me gustaba mucho. Hasta que un día, mi marido que estaba en el colegio de Las Gabias me dijo que la directora le había dicho que había que hacer unos dibujos para una caseta que estaba horrorosa y que tiene unos tanques de calefacción dentro”. Estábamos en el comedor y, allí mismo, con mi plantilla de caucho, en una tarde en familia, hice el dibujo. Me dijeron que era muy bonito y se lo llevó a la directora. Le gustó. Al final, mi marido fue quien hizo la reproducción en la caseta. Les gusta a los niños, a todos… Y, a partir de ahí, ya he ido enseñando, tímidamente, mis dibujos.

¿Dio instrucciones precisas a su marido de cómo quería que quedase el dibujo en la caseta?
“Yo le dije a Blas, mi marido, si es muy alargada (la caja) tendrás que doblar un poquito el dibujo porque, por ejemplo, el dibujo que hay en la esquinita que, al ser reproducido, como la caseta era un poco más alargada, tuvo que doblar una parte de la parte derecha del dibujo. Quien lo está reproduciendo no soy. A lo mejor, si yo lo hubiera hecho pues… en fin… eso ya… Se puede comparar la reproducción con el dibujo final y se ve perfectamente que ha sido por el tamaño de la caseta, para que quedara bien”.

Pero ha quedado muy bien…
“Ay, preciosa… Es un homenaje a la naturaleza, al huerto que tiene el colegio y, en definitiva, a todo aquel que le gusta el entorno, el aire libre y, lógicamente, ya que está en un colegio, que quedará una cosa de color, que diera vida, que diera la sensación de alegría y que no rompiera el hábitat. Que fuera un espacio de encuentro de esos chiquillos con el profe. De hecho, hice un texto didáctico para que los profes lo pudieran trabajar. Habla de las abejas, de la alberca de mi tío Paco… Para que sea un punto de encuentro y que también salgan del aula, y ya que lo tienen ahí, que lo aprovechen. Disfrutar un rato”.

“La ONCE te enseña a vivir”

¿Qué siente cuando todo un catedrático de Dibujo de la Universidad de Granada dice de usted que había sabido captar perfectamente la realidad pictórica y que en los elegantes trazos de sus dibujos había un verdadero homenaje a la naturaleza”?
“Yo soy muy expresiva. Yo pegaba voces. Digo: ¡No puede ser! ¡Qué alegría! ¡Qué emoción! Aparte de que a uno le gusta lo que uno ha hecho, pues que otra persona, que sabe del tema, le corrobora que eso es magnífico… dices: ¡Madre mía! Fue una ilusión muy grande. Eso está claro”.

“Pinta, esculpe, escribe… ¿ha pensado en actuar o en tocar algún instrumento?
“Le doy a los instrumentos, pero de oído. Eso para casa porque es de oído y yo no sé tocar. Sí me gusta. Me relaja. Cuando perdí la vista mis padres me regalaron una guitarra eléctrica y un teclado. Yo no había tocado nunca”.

Claude Monet es su pintor favorito. ¿El Impresionismo le conmueve más que ningún otro estilo?
“El Impresionismo me gusta mucho. De hecho, tuve la oportunidad de ir a ver la casa de Monet en Giverny porque me gustaba muchísimo Monet y pude conseguir ese sueño”.

Marisa Castilla le ha instruido en el arte de la pintura. ¿Cómo fue el proceso? ¿Cómo se adaptaron profesora, alumna y viceversa? ¿Se habrán convertido en inseparables?
“En la peluquería expresé yo este sentimiento y me dijo el peluquero que cómo iba yo a pintar. Digo: eso quisiera yo saber. No tengo miedo a enfrentarme a eso. Entonces me habló de varios. Y esta persona, quizás, por lo que me dijo y demás, tenía un gran curriculum y un gran bagaje en esto. La llamé por teléfono. Se quedó un poco parada al escucharlo, pero quiso conocerme y que le explicase por qué quería dibujar. Cuando se lo expliqué lo entendió perfectamente. Me dijo: Mira María José, te comprendo porque antes has dibujado, tienes ganas de retomarlo. Pues ahora de esta manera, con otras circunstancias y en otra etapa. Nos pusimos manos a la obra. Ella no tenía tampoco experiencia con ciegos, pero buscábamos la manera, un montón de cosas de papel, de esto y lo otro. Poquito a poco fuimos haciendo cosas. Ese fue mi principio. Estuve allí un año o dos y luego, yo sola”.

¿Qué papel ha tenido la ONCE en la consecución de este objetivo, la pintura como forma de expresión de una persona ciega?
“La ONCE, en primer lugar, si yo no hubiera sabido de la existencia de esa plantilla de caucho, jamás hubiera podido pintar porque es una herramienta. La ONCE te enseña a vivir con lo que tú tienes. Te da las herramientas para que tú puedas trabajar. Todavía hay gente que no cree que un ciego pueda leer. Que tenemos un móvil con un mecanismo que te permite leer o escribir un correo. La gente aún no sabe lo que la ONCE nos puede proporcionar y lo que un ciego puede llegar a ser capaz de desarrollar”.

¿Se plantea dedicarse profesionalmente a la pintura: ¿vender, exponer, mostrar en grandes galerías…?
“En realidad, no me planteo nada. Yo, conforme van pasando los días, voy intentando hacer cosas. Ahora intentaré a ver si puedo hacer una exposición de tres cuadros en la ONCE de Granada. ¿Qué de ahí me sale otra cosa?, tengo otra idea, me surge o alguien quiere comprarme algo, yo estoy predispuesta a que me compren algo o, si quieren que haga alguna exposición en algún lado, estoy dispuesta o, si quieren que les haga algún dibujo y me llaman, yo estoy dispuesta. Conforme vayan saliendo las cosas, así iré haciendo el camino”.

¿Cuál es el cuadro que ha pintado que le ha gustado más o que tiene un significado especial para usted?
“Es difícil porque todos me gustan, todos tienen algo especial. Todos me encantan, pero uno de los primeros que hice que es El atardecer en Granada’, que es una tarde con mi madre, me pone el vello de punta. Me emociona y le hice un texto a mamá precioso que, ojalá, podamos llevar a cabo en la ONCE de Granada y presentar este cuadro, junto con otros dos. Es muy bonito para compartirlo, para que lo vea la gente. Y la emoción de un atardecer…”

Maldonado en el Carmen de la Victoria

Maldonado en el Carmen de la Victoria