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Rafa Serrano, guitarrista y contrabajista: “El contrabajo es el corazón de la música”

Rafael Serrano valor altamente la calidad artística de los participantes en la Bienal de Música | Foto: Javier Regueros

L. G. | Tras su paso por la 16 Bienal de Música de la ONCE, como contrabajista de la Orquesta Ciudad de los Califas, Rafael Serrano (Córdoba, 1973), vuelca toda su atención a la producción musical y el estudio de la construcción de instrumentos. Desde que vio una guitarra en una tienda consideró que la música era su vida. Ahora, a punto de graduarse en guitarra clásica, señala al contrabajo como el corazón de la música.

 

¿Cómo ha resultado la experiencia de la Bienal de Música? ¿Cómo la ha vivido?

La verdad es que ha sido muy satisfactoria, una experiencia muy agradable de compartir con los compañeros. Ha sido una alegría poder estar otro año allí.

¿Qué es lo más atractivo de todo, lo que ve el espectador o lo que ocurre fuera del escenario?

Para mí como músico evidentemente lo que ocurre dentro del escenario es lo más atractivo. Compartir y esperar el momento de poder salir y ofrecer lo mejor de tu música es sin duda lo mejor.

Como músico, ¿qué opinión tiene de la calidad artística que ofrecen las distintas formaciones musicales de la ONCE?

Los hombres y mujeres de la ONCE trabajan duro con su música, tienen una experiencia que los avalan y ofrecen una calidad muy alta.

Y la orquesta Ciudad de los Califas en particular, ¿como valora su evolución?

La verdad es que tienen muy buena calidad. En la Bienal han faltado algunos componentes que no han podido venir por diferentes circunstancias que le aportan mucho a nuestra orquesta.

Ser la única en España de plectro ¿es un valor añadido o un riesgo en peligro de extinción?

Ser la única tiene ese doble filo. Creo que es un mérito por una parte, tener una orquesta que lleva de forma continuada desde 1941 trabajando y ese valor histórico es una cosa que debe de tenerse en cuenta. Pero también existe la responsabilidad de que no vaya a desaparecer, de intentar siempre conservarla, que su calidad se siga conservando.

¿Se reconoce lo suficiente el talento de los músicos con alguna discapacidad?

Yo creo que en cierta manera en la sociedad siguen siendo bastante desconocidos. Ahora que estoy terminando el grado superior de guitarra en el Conservatorio Superior de Córdoba, es muy raro ver a una persona terminar un grado superior. Eres tú el que tiene que adaptarse a las cosas, el que tiene que informar a los profesores de cómo funcionar contigo, y poder hacer un trabajo serio sobre una programación y una forma de trabajar que es 100% visual.

Cree entonces que ser ciego o tener una discapacidad visual supone un inconveniente importante para hacerse un hueco en el panorama musical.

En el mundo del clásico sin lugar a dudas porque tienes que tener un apoyo en las partituras y la educación de forma tradicional está basada en el entorno visual. En otro tipo de música ese requisito no es tan necesario como el flamenco o el jazz que admite más improvisación.

En su caso, con una miopía congénita magna, ¿en qué le ha condicionado su trayectoria?

En el esfuerzo y la forma de trabajar. Cuando entras en un conservatorio y tienes que trabajar con partituras, que en muchas ocasiones, no tienen una calidad mínima y otras, que por su tamaño, son poco accesible, genera mucho estrés y tengo que memorizar gran cantidad de repertorio, mientras que un músico con visión plena simplemente tiene que mirar el papel. Eso es un esfuerzo añadido que siempre genera mucho más estrés y más compromiso a la hora de aprender cualquier obra.

Usted ha sido animador sociocultural en la ONCE de Jaén, coordinador de viajes de la tercera edad en Huelva, ¿tiene siempre un talante entusiasta y predispuesto?

Por su puesto, si no, no sería músico.

Y la Sicología, ¿en qué quedó? ¿En qué le ha ayudado?

En conocer muchos aspectos y ver el mundo de forma muy abierta, más tolerante y ser capaz de afrontar una serie de retos que en cualquier otro momento no lo hubiera afrontado, como meterme a una cierta edad a estudiar  una carrera que supuestamente de pequeño me dijeron que no podía hacer.

“Si puedes ser un buen guitarrista es porque eres una buena persona”

“El jazz y el clásico coinciden en la cúspide”, sostiene Rafael Serrano | Foto: Javier Regueros

¿Qué pasa en su vida en un momento dado para que usted decida que lo suyo es la música?

Desde que vi en una tienda una guitarra consideré que la música era mi vida. Lo que pasa es que no he tenido la oportunidad de poder desarrollarla plenamente hasta un cierto tiempo y cuando he tenido esa oportunidad la he aprovechado.

La guitarra ¿requiere mucho control mental? ¿Cuáles son a su juicio las principales cualidades que debe tener un guitarrista?

Primero la creatividad. Tener que interpretar, tener que sacar de seis cuerdas que están muertas algo, un mensaje que transmitir. Por otra parte está la parte más mental, la capacidad de memorización, de concentración. Y por otra, la parte más física, tener una buena sicomotricidad. En realidad tocar la guitarra engloba todas las cualidades de una persona. Un buen músico a de ser necesariamente una buena persona, una persona centrada, con ilusión, capaz de transmitir.

¿A quién admira más?

No soy mitómano. Admiro a cualquiera que sea capaz de subirse a un escenario y sea capaz de interpretar con belleza. Podría dar un listado enorme de personas que admiro pero no tengo un único referente.

Y el salto que usted ha dado de la guitarra al contrabajo ¿es proporcional al tamaño del instrumento?

Es cualitativo, sin lugar a dudas, porque requiere una técnica totalmente diferente. La afinación de las cuatro cuerdas del contrabajo corresponden con la sexta, la quinta, la cuarta y la tercera de la guitarra, con lo cual hay cosas que están resueltas, pero si tiene el problema de la ausencia de trastes, la afinación, la forma de pulsar, la técnica de mano derecha y mano izquierda. Es un salto cualitativo, no tiene nada que ver un instrumento con el otro.

Alexis Cuadrado dice que el contrabajo es el corazón del jazz, ¿lo comparte?

Sin lugar a dudas. Y el corazón de la música.

¿Más que la guitarra?

Claro, por supuesto.

¿Por qué lo dice?

Porque la función del contrabajo es unir a toda la orquesta.También, marcar la pauta del ritmo y hacer que todos los instrumentos suenen fusionado. Por eso se puede considerar como el latido de la música y adhesivo entre los instrumentos.

Y entre el mundo clásico y el jazz, ¿con qué se queda?, ¿dónde se siente más a gusto?

Mi formación actual va más hacia el clásico pero siempre he sido un gran amante del jazz. De hecho yo empecé tocando la guitarra eléctrica y siempre me ha gustado. Es difícil elegir. Son dos estilos bastante diferentes pero en la cúspide coinciden en muchísimas cosas.

Y cuando no toca, ¿qué música prefiere escuchar?

Cuando no toco clásico prefiero escuchar otro tipo de música como el jazz, y cuando toco demasiado jazz, prefiero escuchar clásico. Es una forma de relajarme de una cosa con la otra.

Ahora está volcado con el estudio de grabación Hanare con el que trabaja en la producción musical. ¿Es más rentable la industria de la música que la propia música?

Desde el punto de vista comercial es verdad que ha habido una gran caída en la venta de discos. Pero en nuestro negocio, que es de grabaciones y producción musical nos ha venido bien porque nuestro estudio no era un gran estudio que son los que han sufrido más pérdidas por la caída de la venta de los discos. Hoy en día todo artista necesita un disco para ser promocionado y todo el mundo busca un producto de alta calidad que pueda ofrecer como carta de presentación. La verdad es que el negocio de la producción de discos está funcionando relativamente bien más que le venta de discos propiamente dicha.

Al final, ¿se gana más o mejor la vida gestionando la música que interpretándola?

La verdad es que se gana más la vida grabando que tocando.

Rafael Serrano, ¿cuál es su próxima meta?

De momento tengo bastantes frentes abiertos. También estoy trabajando la luthería, construyendo instrumentos de música antigua y haciendo guitarra, por su puesto, e investigando sobre su organología. Este en un mundo que también me apasiona.