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Diego Delgado: “Estar confinado es una excusa perfecta para abrir un libro”

Diego Delgado (Lora del Río, Sevilla, 1962), no estudió nunca Periodismo ni Historia, pero siempre se sintió un periodista de pueblo y un historiador del suyo, Lora del Río, un pueblecito situado en la Vega del Guadalquivir que ha sido cuna de escritores, historiadores, cronistas y poetas. José Gonzalo Prieto García, un industrial del siglo XIX, es el último personaje con historia que ha rescatado del olvido Diego Delgado con su obra ‘El Niño de Oro’, su cuarto libro.

 ¿Qué le ha llevado a profundizar en la personalidad de José Gonzalo Prieto García?

Pues fue a raíz de una leyenda que existe en Lora del Río que dice que ese señor fue un rico industrial del siglo XIX, pero que se arruinó en muy poco tiempo y que murió mendigando en la estación de Utrera. Aunque ya había leído algunas líneas de otros historiadores, fue la investigación que realizó José González Carballo en 1989 la que más me motivó a seguir profundizando. He tenido la suerte de que ha sido precisamente este prestigioso doctor en Historia por la Universidad de Sevilla, experto en la Orden de Malta, quien ha realizado el prólogo del libro ‘El Niño de Oro’.

¿Qué le atrae más del personaje?

El señor Prieto era muy inteligente, fue abogado, catedrático de leyes, industrial del aceite de oliva y, sin embargo, al contrario de lo que ocurría con la gente rica de esa época, no le llamó la atención la política. Aún así, por compromiso llegó a ser diputado-secretario en la Diputación Provincial de Sevilla. Y, además, supo aventajar a los demás fabricantes de aceite, hasta el punto de que la prensa económica más importante lo destacaba como uno de los industriales más adelantados de la época en todo el mundo.

¿Por qué ese título ‘El Niño de Oro’?

Así es como fue conocido este hombre, ‘El Niño de Oro’, porque acumuló una gran riqueza siendo aún muy joven. En la fotografía de la portada del libro, obra del artista loreño Manuel Gamero Nieto, aparece él junto a su mujer y el primero de sus nueve hijos, fallecido a muy corta edad. Para poder rescatar la memoria de José Gonzalo Prieto García he contado con testimonios de las últimas generaciones de aquella familia que formó hace ahora 145 años: Felipe López Bustos, de Almería, y Marta Prieto Rodao, de Madrid.

 

‘El Niño de Oro’ sería hoy un Amancio Ortega o un Bill Gates’

                                      Delgado sostiene que Lora del Río ha sido siempre «muy productiva en escritores, historiadores, cronistas y poetas»

¿Qué ejemplo cree que nos da este industrial del siglo XIX en la Andalucía del siglo XXI?

Creo que si Prieto hubiese puesto en marcha sus iniciativas en este siglo XXI, posiblemente se hubiera convertido en una estrella de los negocios, y sería hoy un Amancio Ortega o un Bill Gates, por ejemplo. Por eso habría que aprender de él que lo negativo puede convertirse en bueno y que lo bueno puede ser mejorable. Pero también hay que aprender que tenerlo todo, dinero y gloria, puede ser un peligro si no se cuida y no se administra correctamente.

El trabajo de historiador local conlleva muchas horas de investigación, de lectura, de consultas en archivos, bibliotecas, hemerotecas. En su caso, ¿cómo ha sido ese proceso para elaborar este libro?

En el caso de este libro, las investigaciones han ido más allá de lo local. Desde que me dí cuenta que en el pueblo que lo adoptó como hijo, Lora del Río, ya no quedaba mucho por descubrir sobre José Gonzalo Prieto y su familia, decidí explorar presencialmente otros nichos de información, como la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, la Hemeroteca Municipal de Sevilla, el Archivo Provincial de Almería, los Archivos Municipales de Vera o de Utrera… Para ello me desplazaba a esos lugares, casi siempre con mi mujer que me acompañaba no solamente en los desplazamientos sino también en las tareas de investigación. Durante el primer estado de alarma, como estábamos confinados, dediqué horas y horas en el ordenador a buscar en los fondos digitalizados de acceso libre que se encuentran en internet. Y, con mucha paciencia, encontré la información que buscaba.

¿La discapacidad visual condiciona mucho su forma de abordar esta obra?

Si. No ver lo suficientemente bien te dificulta los desplazamientos, los accesos a textos muy poco accesibles. Dese cuenta que algunos de los documentos consultados tienen más de cien o doscientos años, escritos a mano con tinta y con tipos de letra muy complejos. No siempre podía ir acompañado, por lo que he tenido que utilizar el bastón cuando era necesario y servirme de herramientas como el minitelescopio o la lupa. Para este libro he encontrado también mucho apoyo por parte de la gran mayoría de personal de las bibliotecas, hemerotecas y archivos. Pero si te gusta lo que haces y le pones toda la voluntad, al final obtienes la recompensa de ver tu trabajo publicado.

¿Da mucho de sí Lora del Río para nuevos personajes?

En Lora hemos centrado esta obra porque el pueblo lo nombró Hijo Adoptivo de la Villa, aunque realmente no es un libro localista. Pero respondiendo a su pregunta, le diré que sí. Lora del Río tiene personas y personajes que han destacado a lo largo de la Historia, unos más conocidos que otros. Le pongo algunos ejemplos: aquí nacieron el Cardenal Cervantes, el periodista y escritor José Montoto, la tonadillera Gracia Montes, el actor y cantante Mario Vaquerizo, el atleta Kevin López… Y el propio José Gonzalo Prieto García, “El Niño de Oro”, que a finales del siglo XIX era destacado por los más prestigiosos periódicos económicos de Europa. Por cierto, la publicación de esta monografía ha despertado la sensibilidad de muchos loreños y ya hay ciertas propuestas para hacerle a José Gonzalo Prieto el homenaje que merece.

Lora del Río ¿es una cuna de historia y literatura como lo es Cabra en Córdoba?

La verdad, sé que es muy rico pero desconozco el patrimonio histórico de Cabra. La Historia de Lora se remonta a dos mil años antes de Cristo, y aquí se han descubierto restos de culturas como la visigótica, fenicia, árabe, romana… Es una lástima que no queden muchos vestigios de aquellos pueblos. En cuanto a la literatura, esta villa siempre ha sido muy productiva en escritores, historiadores, cronistas, poetas…, y de ellos sí que existen multitud de obras.

Pero es una gran desconocida para el lector, o incluso para el propio sevillano, ¿no cree?

Tal vez la historia de Lora del Río sí se desconozca fuera, pero no más que otras poblaciones andaluzas similares a Lora del Río. A lo largo de mis investigaciones para este libro, he descubierto noticias, sucesos o personajes de cierta relevancia que han pasado poco menos que desapercibidos en Almería, Utrera, Madrid o la propia capital sevillana.

Los pueblos ¿pierden mucho la historia de su pasado?

Hoy día la lectura en papel va perdiendo adeptos a favor de los medios más inmediatos como internet, las redes sociales, la televisión… Ahí se pierde mucha historia, y no solo de los pueblos. Solo llama la atención en alguna película o reportaje, a pesar de que muchas instituciones, universidades, archivos, etc., ponen a disposición de los ciudadanos sus fondos para aquellos que quieran recuperar un cachito de su pasado. Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla.

Usted ha sido siempre un apasionado del Periodismo y ha colaborado con medios locales en distintos períodos de su vida. En este mundo tan globalizado y tan de redes, ¿cómo ve el panorama de los medios locales? ¿Qué futuro les aguarda?

Efectivamente, he colaborado y sigo colaborando en medios locales y comarcales, aunque alguna vez también he desarrollado mi labor periodística a nivel regional. En cuanto al futuro que aguarda a estos medios de comunicación lo veo poco esperanzador tal como los conocemos hoy: sus ingresos se basan fundamentalmente en la publicidad, sobre todo en la más cercana, la de los comercios y negocios de barrio, por lo que los precios de los anuncios tienen que ser asequibles. Pero eso es cada vez menos suficiente para cubrir gastos, por lo que tanto radios como periódicos y televisiones de carácter local necesitan de ayudas y subvenciones públicas para poder subsistir y mantener una plantilla muy limitada de trabajadores. En mis tiempos había muchísimos colaboradores que hacían programas en sus ratos libres sin cobrar nada, pero eso ya se ha perdido.

¿Es usted optimista o teme que no sean capaces de adaptarse a los cambios que impone la digitalización?

Ahora, las inquietudes de comunicación se vuelcan en las redes sociales, y cualquier persona puede conseguir miles y miles de seguidores. Por eso, los medios locales ya se están adaptando también a las nuevas posibilidades de internet: emisoras que retransmiten programas de radio a través de cámaras, televisiones que suben vídeos de producción propia donde los vecinos se ven y ven a sus vecinos, periódicos que van sustituyendo el papel por portales web… Es la única manera de poder seguir haciendo el periodismo cercano.

¿Cómo se identifica mejor, como cronista local, historiador, periodista?

Yo siempre me definía como “periodista de pueblo”. Nunca estudié Periodismo ni Historia, por eso ahora solo me considero un simple aficionado que sigue colaborando con medios locales para llenar ese espacio de pasión. La verdad es que desde los años 70 en que escribía en las revistas del Instituto y hasta hoy, nunca he dejado de desarrollar mi afición en uno u otro medio. Y ya han pasado más de cuarenta años.

¿De qué se siente más orgulloso de su pueblo?

De su gente sencilla y solidaria que sigue dando los buenos días por la calle, y de las tradiciones que mantiene invariables desde muy antiguo como la devoción a la Virgen de Setefilla, con más de seis siglos manteniendo costumbres muy singulares y que nada tienen que ver con otras advocaciones. De Setefilla hablamos en el libro, y contamos cómo los loreños y setefillanos acuden a su intercesión para remediar males como epidemias, sequías, temporales… Llama la atención el elevadísimo grado de cumplimiento a las rogativas de sus fieles.

 

“No parece que hayamos aprendido mucho”

Diego Delgado junto a la Biblioteca Municipal de Lora del Río

La lectura, ¿es la gran aliada en tiempos de pandemia?

Sin duda. Estar confinado en casa es una excusa perfecta para abrir un libro, en papel o sonoro, y pasar el tiempo leyendo. Después de muchos años trabajando en ‘El Niño de Oro’, fue durante la primera ola del virus cuando pude terminar el libro, con la esperanza de que ahora sirva a muchos para aliviar esas horas vacías de la pandemia.

Denos alguna recomendación para afrontar este nuevo estado de alarma.

Es complicado, porque cada persona vive esta dramática situación desde una perspectiva muy diferente, y la incertidumbre a la que estamos sometidos todos los días tampoco ayuda. En el libro dedicamos algunos espacios a hablar de episodios muy similares como la mal llamada ‘Gripe española‘ de 1918. Entonces hubo también una primera ola en primavera, un periodo valle en el verano seguido de un fuerte rebrote. Aunque han pasado algo más de cien años, la historia se ha repetido, y no parece que hayamos aprendido mucho. Por eso les recomendaría paciencia y, por supuesto, que cumplan con todas las medidas de seguridad: mascarillas, gel y distancia. Recuerden que cada día que pasa es un día menos para que se termine esta pandemia, como también se terminó aquella de 1918.

Esta ha sido su cuarta publicación ¿Qué será lo siguiente?

Pues sí, cuatro libros ya publicados: ‘Solo Sentimientos‘ fue el primero en 1987, un libro de poemas editado por la Obra Cultural de El Monte de Piedad y la Agrupación ‘Amigos de Lora‘; en 2005, y gracias a las ayudas para Iniciativas Culturales de la ONCE, publiqué la novela ‘La Última Voluntad de Dios‘, y en 2014 también conté con esas mismas ayudas para sacar ‘Memoria fin de siglo en un pueblo de Andalucía‘. Y ahora, en 2020, ‘El Niño de Oro‘, con la edición de Espacio y Tiempo de Lora. ¿Qué será lo siguiente? Pues aunque tengo algunas ideas para futuros libros y artículos en revistas especializadas, quiero seguir promocionando ‘El Niño de Oro‘, ya que tengo ofrecimientos para presentarlo también en Utrera y Almería. Pero tenemos el problema de las restricciones a las que estamos sometidos por culpa de la pandemia del Covid-19, así que esperaremos a un mejor momento.

Diego, ahora, ya jubilado, después de tantos años en tantos puestos de responsabilidad en la ONCE, ¿cómo ve y siente a la Organización desde fuera?

Sinceramente todavía no asimilo estar fuera de la ONCE, y es que no es fácil después de casi treinta años, más de la mitad de mi vida, al servicio de esta Casa. Pero sí que ahora siento preocupación por lo difícil que se le debe estar haciendo cada día a los vendedores y por el cambio tan radical que están sufriendo las relaciones y la convivencia de toda la gente que formamos esta gran familia. Yo sé que esta misma preocupación la tienen las personas en las que, en esta dificilísima etapa, recae la responsabilidad de gestionar, representar y velar por el futuro de la Organización. Por eso, creo que es un buen momento para pararse a reflexionar qué habría que cambiar, poner o quitar en esa nueva ONCE que nos espera a la vuelta de la pandemia.

Luis Gresa